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CLAUDIO GAEBLER
claudiogaebler@fibertel.com.ar
 
Buenos Aires - Argentina

EL CUENTO DE "SEEBLICK"

Érase una vez... un ingeniero alemán cuyo nombre era Riemann. Eso era hace muchos, muchos años, sí, hace 69 años. Ese hombre fundó en el Día del Inmigrante un agradable pueblito a la vera de un lago, al pie de un cerro en un valle. Con los años hubo uno que otro que disfrutaba sus vacaciones aquí, o hasta se radicaba y el pueblo creció y prosperó. 

Muchos, muchos años más tarde - ahora, hace poco - este alemán fue debidamente homenajeado como todos los años por grandes y chicos - por toda la comunidad- con mucha "bambolla" ante su estatua en la esquina de las Avenidas Riemann y Avenida Wagner en Rumipal. Se encontraban a la sazón presentes su hija en silla de ruedas, su nieto ya mayor de edad y sus dos bisnietas. Luego fueron inaugurados, con todo y entre todos, la vereda con las nuevas luces y el museo. Al mediodía hubo una gran fiesta con comida en el club del pueblo: con el infaltable asado regado por buen vino. En ella participaron unas mil personas. Allí mismo y con la "pompa" del caso fueron entregados los certificados de "Migraciones" a cada inmigrante, que más o menos estaban viviendo ya 50 años en el país, donde Argentina agradecía profundamente por el aporte de toda una vida en la nueva patria. Allí se despertaron emociones, cuando cada uno de los susodichos inmigrantes hablo unas palabritas al micrófono, y corrieron también corrieron algunas lágrimas... Como corresponde, entre estos inmigrantes de todos los países del orbe también fueron honrados unos alemanes...entre ellos una abuelita de 95 años. Como música de fondo se podía escuchar la pieza folclórica de la "Oma" del Chaco, o sea de la "linda alemana".

Ahora pido que me acompañen en un paseo imaginario al pico del Cerro Rumipal y ya vemos en un marco verde todo el pueblo de Rumipal a nuestros pies. En las cercanías una cadena montañosa verde, en lontananza la cadena más alta y con menos vegetación con la montaña más alta de la Provincia de Córdoba, el Cerro Champaquí. En una medialuna acá nomás avizoramos el lago, un cerro tapa una pequeña parte del mismo, y vemos también la desembocadura de varios ríos en el mismo. Se ve el embalse, emerger la punta de la iglesia entre la tupida arboleda de Embalse, el "Torreón", el cercano zoológico, más atrás en el valle Santa Rosa y se supone más allá bien atrás Villa General Belgrano con sus fiestas, y Villa Berna, y La Cumbrecita...Y bien cerca, a unas cuadras, la larga pista del aeropuerto, la costa del lago, donde en el mes de enero se festeja la "Fiesta del Lago", y acá adelante la "Playa Alemana", donde otrora la gente de la Colonia paseaba, para darse como premio un reparador baño. Si, hasta se ve el camino, que lleva hasta acá adelante en la ladera del Cerro hacia la Colonia de Vacaciones Seeblick... la "Colonia Alemana" como aún dicen todos por acá, ahí se yergue el orgulloso edificio en el centro del bosquecito, ahora nuevamente activa y remozada. Y ahí estaba pues: un auténtico símbolo, patrimonio cultural de los alemanes en la Argentina! Como dice en alemán en la entrada principal del edificio: "Este lugar de recreación se construyó con donaciones de los alemanes en la Argentina". Tan simple y tan entrador! Entre pinos y otros árboles, subiendo el Cerro, subiendo la cuesta por el camino, después de la cancha de bochas, de los juegos de niños, de la cancha de tenis, de la pileta y los vestuarios, allí está "bien firme en la tierra", dos pisos de alto, 22 cuartos para aproximadamente 50 personas, con su biblioteca con libros alemanes, el comedor y el cómodo living. Allí atrás están los frutales. Aparte otras edificaciones que pertenecen al complejo, 1000 m2 de superficie cubierta sobre 5,6 hectáreas de terreno. También le pertenecen lindos rincones, como el del correspondiente camping, con duchas y baños.

Y me recuerdo de viejos tiempos. Allá lejos y hace tiempo dicen que dicen que hasta habría colaborado la tripulación del Graf Spee para plantar la arboleda. Tan lindo es acá, que todavía se quedaron a vivir en el pueblo dos ex administradoras de la Colonia. Y varios de Ustedes seguro que estuvieron alguna vez allí y la pasaron bien, o vuestros familiares, o vuestros amigos o conocidos. Si, les puedo contar alguna que otra historia al respecto, pues hace unos años, arrancando en 1978, cuando vi trabajar allí a mis padres como administradores sus 16 horas diarias todos santos días, durante 12 años, pude ver algunas cosas, y además se me hizo carne el amor por todo aquello. No había allí ni sábado ni domingo. Ya de temprano eran recibidos los nuevos huéspedes del ómnibus. Y hasta altas horas de la noche, cuando ya mi madre caía rendida de sueño en la cama, mi padre estaba detrás del mostrador y algunos con un vasito se libraban de sus penas y comentaban sus cuitas. Clases enteras de colegio con sus profesores recalaron aquí. El profesor del SAG "Pancho" por ejemplo puede contarnos de esas épocas. Recuerdo los meses de verano, donde armónicamente juventud y senectud juntas disfrutaban la pileta. Recuerdo los trotamundos durante el mundial de fútbol, donde no había cerveza que alcanzara, de visitantes de Alemania, que siempre reincidían, conozco familias, que se reúnen durante décadas ya, desde que se conocieron durante una visita a Seeblick. Recuerdo las semanas de dieta durante los meses de septiembre de cada año, donde era una diversión ponerse a pesar todas las mañanas en la balanza delante de todos, y donde después de una semana bien podía tenerse unos 5 kg menos ! Recuerdo las Pascuas, donde algunos huéspedes ya escudriñaban a las 7 de la mañana detrás de las cortinas de sus cuartos para descubrir donde nosotros, los conejitos de pascua, escondíamos los huevos. Algunos consideraban que era tan lindo acá que querían quedarse a vivir todo el año en Seeblick, solo que no se les permitió. Y recuerdo Navidad y Año Nuevo, nos quedábamos solos con 50 personas, los empleados iban a sus casas y se festejaba al estilo alemán. Allí se recordaban los parientes que quedaron en la lejana madre patria. Allí se evocaba los momentos tan sublimes y se cantaban las hermosas canciones navideñas alemanas. Y la comida especial y el champagne (ojo que en Alemania solo nos dejan llamarlo "Sekt") y por supuesto delante del árbol de navidad iluminado "a giorno" con sus velitas y después venía la entrega de los regalos a cada uno de los huéspedes. Y dado que era tan lindo, también participan algunos no cristianos. Todos se sentían en su casa! Recuerdo noches de cine, o la señora que tocaba tan lindo el acordeón, o las noches delante del chisporroteante fuego del hogar, donde cada uno escuchaba su propia música "linda", o leyendo, jugando cartas o al ajedrez, charlando. De tanto en tanto se iba a las fiestas a Villa General Belgrano, o de Belgrano venían a las 17 horas a comer tortas aquí. Y hete aquí que en una de esas un pastor y su familia logran la proeza, en un mismo día, de subir al Champaquí y estar de noche de vuelta en Seeblick. O se alquilaban caballos o botes, o lanchas. O se visitaba la represa de Cerro Pelado, donde en las profundidades de la montaña hay túneles y está la usina eléctrica en un hueco hecho en la misma, tan grande, que cabría la Catedral de Córdoba fácilmente.

Hoy día, por suerte, todo vuelve a estar como otrora, las cosas han cambiado para bien! Atendido con espíritu emprendedor, el complejo recibe periódicamente la visita de los alumnos de una importante escuela alemana (Hoelters), que disfrutan de este hermoso rincón de la provincia de Córdoba. Muchas gracias a todos aquellos que hicieron posible este final feliz!

Claudio Gaebler - 2007


Complejo Seeblick (Villa Rumipal - Cba.):
E-mail: seeblick@calamuchitanet.com.ar
Web: www.complejoseeblick.com.ar


CLAUDIO GAEBLER
claudiogaebler@fibertel.com.ar
 
Buenos Aires - Argentina

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